INCERTIDUMBRE,
MIEDO, ANSIEDAD. (Por Juan Saborido)
“PUEDES IGNORAR LA REALIDAD, PERO NO
PUEDES IGNORAR LAS CONSECUENCIAS DE IGNORAR LA REALIDAD.” (Alisa Zinóvievna Rosenbaum 1905-1982.
Filósofa, novelista y ensayista rusa)
Al ir haciéndome mayor, la
acumulación de años me hace observar y contemplar desde la distancia la vida,
al igual que la sociedad en la que vivo, no ya la particular de este país, que
también, sino la global, ya que me encuentro en un mundo globalizado donde las
decisiones que se toman, o se pretenden tomar de forma conjunta, afectan al conjunto
de la ciudadanía; observo desconcertado y con cierto desánimo y estupor que
hemos crecido bien poco como seres humanos. Verán el porqué de esta sensación
que experimento he inquieta la mirada de un futuro incierto.
El conjunto del panorama actual
que se despliega ante mí, es semejante a una visión pre-distópica y me explico;
salimos de una pandemia, que afectó al conjunto de los seres humanos y pude
observar que el pensamiento que surgió, de forma repetitiva, era el de “volver
a la normalidad” y en aquella ocasión me preguntaba, para mis adentro “¿A qué
normalidad se refiere?” comprendí que se refería a seguir “como siempre” es
decir tal como estábamos antes; de todo ello obtuve varias conclusiones, las
que más me impactaron fueron dos: la primera era que no habíamos aprendido nada
de semejante situación, la segunda que aún existen personas que les mueve el
amor profundo por los demás a costa de la misma vida.
Tal vez el lector me pueda
decir ¡que exagero! Que la vida también es hermosa y que existe semillas de
esperanza, cosa que no dudo, pero no podemos ser ingenuos, os pongo unos
simples datos que pueden contrastar. Según los estudios realizados por el Institute
for Economics & Peace (IEP), actualmente existen 56 conflictos armados,
el mayor número desde final de la segunda guerra mundial, y se encuentran
implicados en ellos de una u otra forma 92 países fuera de sus fronteras.
238.000 mil personas murieron el año pasado en el mundo, con un alarmante aumento
del 97% interanual. La hipocresía de los países no implicados es
desconcertante, apelan a la concordia, al dialogo, a la paz, mientras están
vendiendo armas para mantener dichos conflictos.
Por otro lado, la creciente he
imparable tecnificación del sistema de vida no ha producido una mayor calidad
de esta, sino un “control más exhaustivo de las personas” en todos los
sentidos. Para el ciudadano, de a pie, esta situación produce una creciente
incertidumbre que le conducen al miedo y la ansiedad, con la consiguiente
demanda de “búsqueda de seguridad” en este sentido el actual “sistema
neoliberal” oferta a la ciudadanía “seguridad a cambio de pérdida de libertades”.
No pensemos que esto es una novedad, esto siempre ha sido así, no tenemos más
que echar una mirada a la historia, por ejemplo, en la edad media los señores
feudales que se fueron apropiando de las tierras sembrando el terror y a cambio
les ofrecía seguridad con el consecuente servilismo. Todos los imperios que
hemos conocido están regados de dolor, sufrimiento y muerte, dirigidos por
megalómanos de todos los colores y creencias, el problema no es que existan,
sino que “se le siga” y sobre todo que “se les crea”. En este sentido el
filósofo Baruch Benedict Spinoza (1632-1677) decía “Si no quieres repetir
el pasado, estúdialo” pues parece que la sociedad adolece del sentido
del recuerdo y sobre todo de la reflexión y del estudio.
“LA IGNORANCIA NO ES NO
SABER., SINO NEGARSE A APRENDER.” (Aristóteles 384
a.C.-322 a.C.)
Ahora bien, no podemos echar
toda la culpa a los poderosos que dirigen el sistema de vida, sino que hemos de
caer en la cuenta de que, gracias a todos nosotros y nuestros deseos, esos
“poderosos” están donde les hemos dejado estar. Para colofón quiero dejaros un
breve extracto del Quijote, una obra atemporal, donde Cervantes expuso valores
universales, que por desgracia parece que cada vez están más en desuso.
“El ser humano se
esclaviza por el lujo y las vanidades, persiguiendo riquezas como si en ellas
encontrara la dicha. Mas no advierte que, cuanto más tiene, más teme perderlo,
y en esa angustia se le escapa la verdadera felicidad. Porque la dicha no está en
el oro ni en la opulencia, sino en la brisa que acaricia el rostro, en la risa
sincera de un amigo, en el pan compartido con gratitud. ¡Necio es aquel que
busca en lo externo lo que solo el alma puede hallar! La vida sencilla es el
mayor tesoro, y quien la comprende, es el más afortunado de los hombres» (El
Quijote. Miguel de Cervantes Saavedra 1547-1616)
Comentarios
Publicar un comentario